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4/12/13

La bella durmiente

  Era la segunda vez que los vecinos llamaban  a la policía. En una primera ocasión, los agentes habían espantado a tres hombres que se encontraban, de madrugada, molestando a gritos en plena vía pública. Al abandonar el coche patrulla la portería del inmueble donde se les había requerido, los individuos habían vuelto a las andadas. Con gran escándalo, vociferaban borrachos como cubas, sin respetar el descanso del vecindario.

2/4/13

Juego de seducción


   La chica le había sonreído cuando se cruzaron sus miradas y el forastero se sintió halagado al ser el elegido en medio de tanta gente guapa con ganas de diversión. Se le había acercado para terminar de conquistarla con piropos y palabras ingeniosas de hombre experimentado. Ella se mostró, desde un primer momento, como embrujada por él, dejando que invadiera su espacio con agarres cada vez más atrevidos hasta que decidieron trasladarse a su apartamento, que ella decía compartir con otra estudiante de derecho.

15/3/13

Yo nunca conocí varón

    Era la hora de la siesta y la telenovela. Romualdo Alfredo y Victoria María, después de un largo y doloroso desencuentro, se habían vuelto a unir, esta vez, para siempre. Era el triunfo del amor verdadero, que desbordaba la pantalla, con besos profundos y agarres apasionados. Bello él y sexy ella, se repetían promesas de felicidad eterna. Cualquier palabra que se susurraban al oído les llenaba de un gozo, que hacía destellar sus perfectas dentaduras.

22/2/13

Lo pedían a gritos

  Se habían conocido en un bar de copas y después de hacerse el simpático se ofreció para ayudarles a encontrar un trabajo en algunos de los locales que él solía frecuentar y de cuyos propietarios era al parecer muy amigo. Había  adoptado una actitud paternalista de hombre experimentado dispuesto a ayudar a dos muchachas, sin oficio ni beneficio, que habían decidido venir a la ciudad para huir del control  paterno y de su empeño  por que  estudiaran. Después de invitarles a unas copas  se trasladaron a otro garito donde, tras  gastarle unas bromas de mal gusto a la camarera, pidió sin éxito ver al dueño.

11/2/13

Caída en barrena

 Había tardado en acogerle en su casa después de conocerle en la sala de espera de un ambulatorio de la seguridad social donde ambos estaban esperando a ser atendidos. Él le contó su problemilla muscular, que le originaba el exceso de ejercicio, y ella le confesó que su lumbago la tenía hipotecada de por vida. Su relación se fue consolidando mientras él le relataba sus batallitas de hombre desocupado que vivía de una modesta paga vitalicia por invalidez y ella le escuchaba distraída, pensando en las cosas que tenía que hacer para compaginar su vida doméstica y laboral.

28/1/13

La chica mojabragas

         Ella siempre había defendido la superioridad de la juventud sobre la madurez y ahora era ella la despreciada por las jovencitas que se disponían a tomar el relevo a pesar de que, frisando los cincuenta, se resistiera a abandonar la adolescencia vistiendo como una veinteañera y queriendo centrar su vida en las amigas y las fiestas. Después de haber criado a sus hijos se había convencido de que la rutina y el aburrimiento conforman una realidad que se puede cambiar.

13/1/13

Una peculiar entrevista de trabajo

    Tirada sobre la acera, con la cabeza hundida entre las rodillas que mantenía abrazadas, mecía su cuerpo en un intento por calmar la ira y el llanto que lo convulsionaba. Fue socorrida por unos vecinos  alarmados al encontrarla en ese estado.  Llamaron a la policía, después de asegurarse de que habían entendido lo que la joven trataba de contarles. Dos hombres la habían atacado, desoyendo sus súplicas y sus llantos.

8/1/13

El deber de iniciación


       Permanecía sentado en un banco del palacio de justicia, esposado y con un aspecto digno de compasión. Sus ojos húmedos y enrojecidos se perdían en las cuencas de un rostro devastado por el dolor. A su lado, impasible, un funcionario policial le custodiaba lejos del alboroto motivado por la inminente celebración de un juicio a puertas cerradas que la opinión pública ya había sentenciado.

20/12/12

¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

    Tenía trece años y un historial de malos tratos que no cabría en un diario. Hija de familia numerosa, estaba sometida al yugo paterno que pretendía imponer una moralidad basada en el fanatismo religioso y en una nula relación con el mundo exterior.  En verdad, como suele ocurrir con los tiranos, su filosofía se resumía a “haz lo que yo diga pero no lo que yo haga”. La brutalidad de su progenitor era a menudo imitada por sus hermanos varones que la golpeaban, por su bien, ante el silencio de una madre que defendía las bondades  de la disciplina en una pulcra educación y la necesidad natural del sometimiento de la mujer al hombre.

7/12/12

Bragas de lunares rojos

    En las tertulias en las que a menudo se termina por hablar del trabajo policial siempre hay algún espontáneo que pretendiendo ser gracioso y picarón, se ofrece para realizar cacheos a detenidas. Su predisposición se hubiera desvanecido de inmediato si hubiera estado encerrado, en cierta ocasión, con una presa que llevaba unas bragas de lunares rojos. No por que fuera una incondicional de Agatha Ruiz de la Prada sino por que tenía el cuerpo lleno de pústulas y costras, cuya sangre coagulada se había impreso en su ropa interior que llevaba puesta desde hacía meses.

20/11/12

Una Diosa pagana

   Era todavía una niña cuando los policías la veían cruzar la calle en compañía de otros escolares a la  entrada y la salida del colegio. Ahora, sentada en una céntrica parada de autobús, esperaba, con la complicidad de la luz mortecina de las farolas, la llegada de algún cliente. Su cuerpo obeso, que contrastaba con su carita aniñada, se desparramaba sobre el mobiliario urbano recordando la hermosura de  una diosa pagana de la fertilidad.

4/11/12

Una jauría humana

   Un domingo a las nueve de la mañana, el suelo mojado, el cielo gris, la ciudad desierta. Un vehículo policial entra en el polígono industrial donde el Ayuntamiento ha autorizado la apertura de un local de copas, camuflado en medio de naves industriales recubiertas de graffitis y, en festivo, cerradas a cal y canto. En una de las calles sin salida y en penumbra, unas sombras, en melé, se libran a una batalla campal entre gritos, insultos y aullidos.

14/10/12

Desvelos nocturnos

    La vida de Eva había sido complicada después de un matrimonio breve pero fructífero ya que en  cinco años había dado a luz en tres ocasiones. Su marido, que le acusaba de ser poco cariñosa, se había fugado con una peluquera, abandonándola con sus  hijas a las que había tenido que sacar adelante en solitario. Desde que conoció a Orlando su vida, como mujer, parecía haber cobrado sentido. Él era muy paciente con las niñas y la convivencia resultaba fácil y placentera a pesar de que ella tenía diez años más que él y era la que traía el dinero a casa.

8/10/12

Un placer depredador

        Le estaba golpeando con brutalidad  para evitar que se resistiera. Cegado por un subidón de adrenalina, la había seguido hasta el aseo de la cafetería y allí, aprovechando el efecto sorpresa, se había abalanzado sobre ella, atrapándola en la exigua superficie que ocupaba el baño. Forcejeó, disfrutando de su superioridad física que le proporcionaba un placer infinitamente mayor que el daño que le producían los golpes de su víctima. Sin embargo, durante unos escasos segundos, ese dolor físico se interpuso en el camino del disfrute, al sentir que no remitía la indignación y la desesperación de la joven, a la que pretendía forzar y que le laceraba la piel allí donde le alcanzaban las uñas y los dientes de la muchacha.

El Estruja pezones

   El coche patrulla se desvió de su ruta al oír por la emisora  que, en las proximidades, dos personas se estaban peleando, revolcándose sobre el asfalto. Los policías se bajaron corriendo del vehículo para socorrer a un hombre, tumbado boca arriba, que era golpeado con saña  por una mujer que portaba un casco de motorista. Mientras se intentaba separar a la pareja pugilística, un viandante, que decía haberlo presenciado todo y estar dispuesto a testificar, explicaba que los jóvenes se habían caído de la moto y que ella, sin mediar palabra, había empezando a golpear al pobre muchacho, que sólo acertaba a defenderse. Al cabo de unos minutos, mientras el chico intentaba escabullirse de los buenos samaritanos que le prestaban su ayuda y le insistían para que se dejara atender por el médico de la ambulancia, la chica, más tranquila, se mostraba indignada mientras se quitaba el casco.

26/9/12

Mejor que el Internet

     Convertida en un auténtico asentamiento, la explanada se llenaba de estructuras  metálicas que soportaban el peso de unas lonas parcheadas, sujetas con cuerdas y contrapesos. En medio de unas improvisadas pistas deportivas y al abrigo de los toldos,  todo tipo de tenderete ofrecía   alimentos perecederos y bebidas a los que religiosamente acudían al lugar. Con el reclamo de poder saborear  manjares típicos de diferentes países  sudamericanos, cada tasca disponía de sus sillas y mesas y, para poder cocinar, de  infiernillos  improvisados  e incluso de barbacoas de carbón, sustentadas sobre bidones metálicos. Todos los fines de semana se concentraban allí muchas personas deseosas de disfrutar de su tiempo libre practicando deporte, comiendo, bebiendo y conversando con otros compatriotas. Se les había dificultado el acceder al interior de los colegios del municipio,  donde en festivo se reunían para jugar principalmente al fútbol,  por que dicha costumbre ocasionaba problemas en los centros educativos.

21/9/12

La señorita Rosario

“Chica, los jóvenes se han vuelto muy superficiales. No sé lo que ocurre pero ya no se fijan en mí. Una mujer como yo, inteligente, inquieta, bella, con sentido del humor y cariñosa tendría que triunfar en el juego de la seducción. Siempre he creído que tengo un " je ne sais quoi " que me salva de la vulgaridad y me hace destacar entre todas esas mujeres maduras que, al conseguir no engordar, visten como jovencitas. Me gusta viajar y estoy siempre dispuesta a descubrir nuevas aventuras pero no encuentro a ese hombre interesante que me mime y me acompañe. Echo de menos ese coqueteo ingenioso que termina en complicidad y que te hace sentir viva y deseada.

12/9/12

El macho mantis religiosa

   Ella  trabajaba como encargada de varias tiendas de ropa de poner y tirar y cada día conseguía rapiñar más de cien euros. El ilícito le reportaba unos pingües beneficios que iba gastando sin mesura en compañía del gran amor de su vida, que aprovechaba la ocasión  para vivir como un rey. Formaban una pareja peculiar que se separaba a de cada infidelidad para reconciliarse cuando el otro se sentía resarcido después de pagar con la misma moneda.  Él se dejó llevar por una atracción sexual que se había convertido en perversión. Aceptaba regalos caros y viajes románticos que le mantenían sumido en una felicidad latente, esperando, a veces semanas enteras, para reencontrarse con la bella, entreteniéndose viendo escaparates y enfrascado en los chats y las páginas de contactos o bajándose de Internet, programas e información que nunca utilizaría.

24/7/12

Cita a ciegas

           Era una señora asustadiza que decía no haber conocido varón cuando se decidió un día, a sus cincuenta y cinco años a recurrir a una agencia matrimonial para encontrar su media naranja. Atraída por las cartas románticas y llenas de cumplidos de uno de los clientes de la agencia, con quien le habían puesto en contacto, la mujer se propuso conocerle. Le pareció todo un caballero, un poco fanfarrón pero muy divertido a sus sesenta y cinco años. En su segunda cita, invitó a su pretendiente a subir a su casa donde vivía sola desde el fallecimiento de su anciana madre y allí le preparó un café que no se llegó a tomar...
La intervención de la policía le liberó de una noche de calvario que le había conducido hasta esta sala del palacio de justicia. Callada y avergonzada, sin atreverse a mirar a su agresor, permanecía escuchando como la fiscal describía lo que había ocurrido esa noche.

17/7/12

Un cliente apaleado


      Había bajado a la ciudad para irse de putas. Llevaba cincuenta euros y estaba dispuesto a aprovecharlos. Después de tomarse unas cuantas litronas, se dirigió al barrio donde, desde hacía unos meses, unas prostitutas marroquíes ofrecían sus servicios a pie de calle, ante la indignación de los vecinos, acostumbrados a la rutina de un barrio de pequeños comercios y población envejecida. Borracho como una cuba, se acercó a un grupo de mujeres que intentaba captar clientela y, sin titubeo, se decantó por  la más corpulenta.